RÍO DE JANEIRO. - "Yo estaba en el autobús camino de la escuela. De pronto, el chofer paró, y pudimos ver afuera a unos hombres armados, que le ordenaron a todos salir rápido. Abandoné el vehículo lo más rápido que pude y, mientras huía, pude escuchar el estallido que inició el incendio de mi ómnibus. Creo que tengo suerte de estar viva". El relato, enviado por e-mail a un canal de televisión por una estudiante identificada como Juliana, revela cómo la guerra entre narcotraficantes y policias puede afectar la vida de Río de Janeiro.
No todos los cariocas tuvieron tanta suerte como Juliana. La joven Camila M., de 20 años, no pudo abandonar la camioneta que la llevaba al trabajo antes de que el vehículo fuese incendiado ayer por un cóctel molotov lanzado por delincuentes en el barrio periférico de Santa Cruz, y debió ser atendida en el hospital con quemaduras en ambos pies.
Desde el domingo pasado, cuando se inició la ola de ataques que aumenta cada día en proporción similar al incremento de los efectivos policiales desplegados para frenarla, salir de casa es una aventura para los cariocas. El e-mail y las redes sociales se convierten en fuentes sobre los lugares más peligrosos, pero es difícil distinguir las informaciones confiables de los rumores paranoicos.
Todos estos ataques de los narcos que están diseminados en las favelas de Río surgen en reacción a las redadas de la policía que ya provocó 23 muertes. (DPA y Especial)